Por fin me cogí a la coreana conchuda que tengo laburando en mi local de Once y no paré hasta dejarle bien rota la concha.
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Por fin me cogí a la coreana conchuda que tengo laburando en mi local de Once y no paré hasta dejarle bien rota la concha.

Esta puta es la hija de otra coreana que tenía contratada y que se jubiló. A la madre se encargó de cogérsela mi viejo en su momento, así que a esta zorra me toca volteármela a mí. Esperé a cerrar el local y ahí nomás la llevé hasta el fondo del negocio, donde tenemos una especie de cuarto por si necesitamos tirarnos a dormir una siesta. La tiré sobre la cama y la dejé en bolas, lista para enterrarle de una toda mi pija adentro de esa concha peluda que tiene la atorranta. Me parece que tan bien no la pasó la guacha porque, con cada pijazo que le daba adentro de la cajeta, la putona ponía cara de que le dolía, cosa que me calentaba todavía más.

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