Le revolví bien el guiso a la puta de mi novia y le di duro mientras ella no paraba de gemir.
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Le revolví bien el guiso a la puta de mi novia y le di duro mientras ella no paraba de gemir.

Con este frío polar en Buenos Aires nada mejor que andar revolviendo el guiso de una atorranta bien caliente como lo es la putona de mi novia. La guacha siempre tiene la concha ardiendo y está lista para que se la cojan en cualquier momento. Es por eso que aproveché que llegué del laburo re cagado de frío para entrar en calor con esta yegua alzada. No la dejé ni darme un beso de hola que enseguida la tiré sobre la cama y la acomodé en cuatro y con las gambas bien abiertas, cosa de poder empomármela de una y sin ninguna dificultad. Lo que gimió la putita estoy seguro que se escuchó desde la puerta de calle.

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