La guacha no se movía así que tuve que clavarle la pija a más no poder.
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La guacha no se movía así que tuve que clavarle la pija a más no poder.

La conchuda que me empomé a otra noche parecía toda una hembra en celo, sobre todo después de las decenas de cervezas que se había bajado en el bar donde la conocí. La mina estaba tan en pedo que cuando llegamos a mi departamento en Palermo, apenas si se pudo montar sobre mi poronga. De todas maneras claramente no me eché atrás con el asunto y me puse a clavarle pijazos a más no poder. La putita se quedó quieta mientras yo le daba para que tuviera y para que archivara. No paré de darle murra a la atorranta hasta asegurarme de dejarle toda la cajeta bien llena de leche calentita toda para ella.

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